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Homilía día de Corpus Christi y lanzamiento III Plan de Pastoral


La Arquidiócesis de Santiago de los Caballeros:
Lanza su III Plan de Pastoral en la Fiesta del Corpus Christi

Homilía pronunciada por Mons. Ramón Benito de la Rosa y Carpio, Arzobispo Metropolitano, en la tradicional celebración del Corpus Christi, el jueves 15 de junio 2006, en el Estadio Cibao de la ciudad corazón.

1. Por su solemnidad e importancia hemos escogido esta gran fiesta de Corpus Christi, para lanzar formalmente el III Plan de Pastoral de la Arquidiócesis de Santiago de los Caballeros, que se extenderá por 30 años, con tres períodos de diez años cada uno. El primer plan abarcó una novena de años, 1983-1992; y el segundo desde ese término hasta el año 2000.

EN realidad es el Plan Nacional de la Iglesia en República Dominicana de cara a los retos que presentan a la evangelización los tiempos actuales y los inicios del tercer milenio. Cada arquidiócesis o diócesis ha ido lanzando, con una celebración propia en diferentes momentos, este III Plan común, pero adaptado a cada realidad diocesana.

Dada la participación creciente de los feligreses en la procesión de Corpus y la prevista para este lanzamiento, nos vimos obligados a establecer tres lugares para realizar este mismo acto: Moca para las parroquias de la Provincia Espaillat, celebración presidida por Mons. Juan Antonio Flores, Arzobispo emérito de Santiago de los Caballeros; San José de las Matas para las comunidades parroquiales de la Sierra, acto presidido por MOns. Diómedes Espinal, Obispo electo de Mao-Montecristi, acompañado de Mons. Vinicio Disla; y el Estadio Cibao para la provincia Santiago.

2. Esta magnífica celebración tuvo una preparación inmediata, en la que participaron muchos equipos de trabajo, dirigentes laicos y sacerdotes, con gran dedicación y entusiasmo.

Pero debemos decir que hay toda una preparación remota ya la gran Misión del 2000, propiciada y animada por Mons. Flores, hace parte de este III Plan en su etapa preparatoria. Luego han seguido incontables, reuniones parroquiales, zonales y arquidiocesanas, acompañadas de largas oradse investigación, estudio, reflexión y oración.

A mi llegada a la Arquidiócesis encontré una interesante labor realizada acerca del Modelo ideal, que quería alcanzar la comunidad arquidiocesana; y en los dos años y nueve meses que tengo aquí he visto crecer de manera notable la participación y las actividades en torno al III Plan.

La oficina de la Vicaría de Pastoral, primero con el P. Lucas Lafleur al frente, y luego con el P. Edwin Alonzo a su regreso de Roma, ha sido un factor decisivo para animar, impulsar y dar continuidad a toda la tarea emprendida a toda la tarea emprendida. En ese mismo sentido, han sido clave los representantes de las catorce zonas en las que está dividida la Arquidiócesis, con sus Vicarios zonales al frente, y los Equipos de animación arquidiocesana y zonales.

Uno de los frutos importantes de la labor hecha hasta ahora es el estudio de la situación o realidad que nos vuelve, tanto dentro de la Iglesia como fuera de ella. Le llamamos Modelo de situación, al que sigue un diagnóstico y un modelo operativo, que ya se ha empezado a implementar.

Es bueno decir que en este Modelo de situación se recogen datos de estudios ya conocidos, pero el trabajo no se redujo a una labor de biblioteca, sino que hubo una participación directa de las comunidades, como en todos los demás pasos, para determinar el entorno y el contorno de la situación.

Sin esta larga preparación remota, el lanzamiento público y formal del III Plan no hubiera sido posible en esta fiesta de Corpus Christi.

3. La esencia del proyecto pastoral que hoy lanzamos está recogido en la oración que rezamos con frecuencia o al menos cada domingo en cada eucaristía, a saber, una Iglesia de comunión, participación y misión en la que “juntos, Arzobispo y Obispo Auxiliar, Presbíteros y Diáconos, Consagradas y Consagrados, laicos y laicas, realicemos con nuevo ardor, nuevos métodos y nuevas expresiones la Nueva Evangelización que nos pides al inicio de este tercer milenio”.

Asimismo “que este proyecto pastora, sea para nosotros un nuevo Pentecostés, donde el Espíritu Santo nos repita: “No tengan miedo” y nos impulse a practicar la espiritualidad de comunión y participación, a crecer en santidad comunitaria y a vivir en auténticas comunidades de fe, esperanza y amor, que sean signo e instrumento de su Reino y fermento de una sociedad más humana, solidaria y justa”.

El fin último, el valor absoluto que se da sentido y justifica este ideal y objetivo es el de “gozar la plenitud del amor y de la comunión de Dios Padre”.

4. La Eucaristía precisamente va a recoger como signo y realidad dos puntos clave del III Plan:

a) Ella va a ser el misterio de comunión y alimento, que fortalece la vida y la misión de los discípulos del Señor.

Como dice San Pablo (1 Cor. 10, 16, 17): “El cáliz de acción de gracias ¿no nos une a todos en la sangre de Cristo? Y el pan que partimos ¿no nos une a todos en el cuerpo de Cristo?”

El pan es uno y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque comemos todos del mismo pan.

Además Jesús decía, refiriéndose al alimento (Juan 6, 51-52): “Yo soy el Pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá para siempre”

b) La Eucaristía, a su vez, nos invita a ser misioneros. Recordemos este antiguo tema que viene del siglo I: “Como este fragmento de pan estaba disperso por los montes en granos de trigos y, después al ser reunido, se hizo uno, así sea reunida tu Iglesia de los confines de la tierra en tu reino”.

El III Plan se propone de manera decidida ir en busca de los alejados.

Además, Jesús dijo al instituir la Eucaristía: refiriéndose a su Cuerpo, “Coman todos de él”; y al cáliz de su Sangre, “Beban todos de él”.

Él ha invitado a todos a sentarse a la mesa de su reino.

Por eso, mientras haya uno que no viva en comunión con los demás, como vive la Santísima Trinidad, y no participe de la Eucaristía, comiendo el Cuerpo y la Sangre del Señor, no podemos quedarnos quietos ni tranquilos.

5. El III Plan y el mensaje de la Eucaristía nos interpelan a todos en la Iglesia arquidiocesana:

a) A los Obispos y presbíteros nos llama para que estemos a la altura de los tiempos.

El III Plan supone, como dice “Ecclesia in America” #30, “una parroquia renovada” y “ka figura de un pastor que, en primer lugar, tenga una profunda experiencia de Cristo vivo, espíritu misional, corazón paterno, que sea animador de la vida espiritual y evangelizador capaz de promover la participación”.

Ante la creciente cooperación de los laicos, exige del sacerdote ser más que un director, “un animador de la acción pastoral y la capacidad para trabajar con otros. Se debe distinguir por su impulso misional que le lleva a extender su acción a los alejados”.

b) De igual manera llama a los Diáconos y Presidentes de Asamblea, catequistas y otros ministerios; a la Religiosas, Religiosos, Institutos Seculares, Sociedades de Vida apostólica y vírgenes Consagradas; a las Asociaciones, hermandades, movimientos y nuevas comunidades; a todos y cada uno de ellos, a que sean fieles a sus respectivos carismas, insertos en el III Plan y comprometidos con él.

c) DE ahí que nadie como cristiano, puede estar pasivo o inactivo en la Iglesia.

Hay tres ministerios básicos y fundamentales que han de ejercer todos: el testimonio de vida, el ejercicio de la caridad con los demás, especialmente con los más necesitados, y la oración. Aunque estemos en nuestras casas, esas tres acciones siempre deben estar presentes. Sobre ellas se edifican los otros muchos ministerios, como son la acogida en las comunidades, la predicación, la liturgia, la pastoral social, el compromiso de desarrollar la creación, de luchar para transformar las estructuras injustas y los ejercidos en otras áreas apostólicas y servicios.

Tampoco han de permanecer pasivos o inactivos los que reciben una acción determinada de la Iglesia como sucede, por ejemplo, con los enfermos, que reciben la acción benéfica de la pastoral dedicada a ellos; pero, a su vez, cada enfermo ha de convertirse en misionero, con su sufrimiento y su oración. Los pobres, por otra parte, son socorridos por la pastoral social, pero deben dar algo desde su pobreza a otros más pobres que ellos material o espiritualmente. O en el caso de los niños, cuando reciben la primera comunión: allí no termina todo para ellos como “graduados definitivos en religión”; también deben seguir activos en la pastoral familiar o de niños propia para ellos.

6. La ocasión es propicia para anunciar como parte del Plan las siguientes acciones no contempladas hasta ahora:

a) Creación del “Día de los laicos y laicas, los movimientos, nuevas comunidades y movimientos laicales”, el sábado víspera de Pentecostés.

b) Talleres para parejas multiplicadoras de retiros sobre el Rosario para impartirlos a otras parejas y familias con el fin de fortificarlas como “Iglesias domésticas”.

c) Creación del “Hogar o Casa de Nazaret” para jóvenes en Licey, como un servicio abierto a la pastoral para encuentros o retiros de un día o unas horas.

d) Dada la nueva realidad de la presencia creciente de hermanos haitianos, además de la Pastoral Haitiana ya existente, la creación de la “Misión Haitiana Arquidiocesana”, animada por los Padres Scalabrinianos con servicios evangelizadores para ellos, incluso en su propia lengua.

e) Dadas, igualmente, las exigencias actuales de una comunicación más ágil inicio de la página Web de la Arquidiócesis bajo el epígrafe: www.primersantiago.org.do.

f) En la II gran peregrinación de “Santiago a Santiago”, pusimos junto a la tumba de Pedro en Roma y junto a la tumba del Apóstol Santiago en Compostela el lanzamiento de este III Plan. Ahora, cuando la Vicaría de Pastoral nos convoque, lo pondremos a los pies de la Virgen de Altagracia, en la “II Gran peregrinación del milenio Santiago a la Altagracia”. La primera fue en el año 2000.

7. Finalmente, hemos escogido como Logos del III Plan el báculo, símbolo del ministerio; la concha, símbolo de Santiago y de nuestro bautismo; y la cruz en forma de espada, símbolo de la palabra de Dios y del amor, que se entrega totalmente, incluso hasta dar la vida por los demás.

Llevémonos todos este Logos y diga cada uno, retomando una vieja idea de San Agustín (siglo V): Para ustedes, junto con el Obispo, agarrado del báculo, soy su servidor según los carismas y ministerios propios; con ustedes soy concha, es decir, soy santiaguero y cristiano; y para ustedes y con ustedes tomo la cruz de la evangelización y de Santiago.

Lo primero me compromete; lo segundo me hace ser discípulo igual a todos; lo tercero me impulsa a ser mejor evangelizador.

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©2006 Arquidiócesis de Santiago de los Caballeros. República Dominicana. Diseñado en Radio Luz 106.5 F. M. por: Moisés Bretón